Rocío Olguín actualmente es estudiante de Diseño en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, donde se ha acercado a una línea interesante de estudios: el Diseño de Interacción. A través de este ámbito, planteó la idea de realizar talleres en el área de tecnología de nuestro colegio, para desarrollar su proyecto de título en torno a la educación y el pensamiento computacional, creando experiencias que buscan acercar la programación a alumnas de 4° Básico de manera lúdica, colaborativa y sin pantallas.
Volver al colegio, esta vez desde una nueva perspectiva, ha permitido a una de nuestras exalumnas vincular su formación universitaria con una de las áreas que más le interesan: la educación. Actualmente, desarrolla su proyecto de título explorando cómo el diseño puede convertirse en una herramienta para introducir conceptos tecnológicos desde los primeros años de escolaridad.
La iniciativa surgió a partir de un descubrimiento inesperado: la existencia del MakerLab en nuestro colegio y de sus herramientas de fabricación digital. A través de conversaciones con docentes y, especialmente con Miss Helga, encargada de este espacio, comenzó a identificar oportunidades para acercar progresivamente el pensamiento computacional a las alumnas.
“Me interesaba el área de educación y cuando descubrí que existían estas máquinas de fabricación digital en el colegio, me puse a investigar para qué se utilizaban. Ahí llegué al MakerLab y comenzamos a conversar sobre cómo introducir el pensamiento computacional desde edades más tempranas”.
Como parte de su proyecto, diseñó “Robots y Programadoras”, una experiencia basada en el juego de roles. Mientras una alumna asume el papel de programadora y crea una secuencia de instrucciones, otra se convierte en “robot” y debe interpretarlas y ejecutarlas.
La propuesta buscaba desarrollar habilidades asociadas al pensamiento computacional, como comprender secuencias, seguir instrucciones, identificar problemas y buscar soluciones, antes de trasladar estos aprendizajes a un computador o a un robot.
“Mi actividad era programar, pero sin pantallas. La idea es que las niñas puedan entender primero la programación desde su propio cuerpo, desde sus manos, desde el movimiento y el trabajo en equipo”.
Su vínculo con la educación no es nuevo. Durante su formación universitaria ya había participado en experiencias de diseño de talleres para niños, desarrollando material didáctico para enseñar conceptos como las máquinas simples. Aquella experiencia reforzó su interés por explorar la vinculación entre el diseño, la educación y el aprendizaje.
“Me gusta mucho lo didáctico y el material educativo. Me interesa cómo el diseño puede ayudar a enseñar estos conceptos y generar experiencias de aprendizaje”.
La siguiente etapa contempla continuar desarrollando talleres que permitan construir una progresión en el aprendizaje del pensamiento computacional, ampliando la experiencia a otros cursos y niveles. “El pensamiento computacional no es solo programar. También es entender los problemas de manera lógica y poder resolverlos de la misma manera”, explicó.
Su experiencia también la ha llevado a descubrir nuevas posibilidades profesionales. Aunque el Diseño de Interacción contempla áreas como el desarrollo de sitios web y aplicaciones, su acercamiento al ámbito educativo ha reforzado su interés por continuar explorando esta relación. Además, reconoce que muchas estudiantes pueden no conocer la diversidad de alternativas que existen dentro del mundo del diseño y la tecnología.
“Yo tampoco entré a Diseño sabiendo mucho de lo que era, y menos sabía que existía el Diseño de Interacción. Creo que muchas veces el problema es que no sabemos que estas áreas existen. Por eso es importante investigar, conocer y descubrir todas las posibilidades que ofrece el diseño”.







