Cuatro alumnas de nuestro colegio: Diana Mylnikova, Maite Reyes, Bruna Barriga y Catalina Valenzuela, integrantes del equipo Tech Sirens, obtuvieron el segundo lugar en el Demo Pitch de Women Open Innovation Santiago 2026 (WOI), una instancia nacional de innovación y tecnología presentando CoralBot, un proyecto que busca monitorear variables del océano y contribuir a la protección de los ecosistemas marinos.
En esta entrevista, compartieron cómo nació la iniciativa, los desafíos del proceso y lo que significó representar a un colegio sólo de mujeres en un espacio que reunió a jóvenes interesadas en STEM.
¿En qué consistió la experiencia que vivieron en Santiago?
Participamos presentando nuestro proyecto CoralBot en un formato de demo pitch, en el que no solo había que explicar científicamente la iniciativa, sino también presentar su potencial como solución y demostrar cómo podría generar un impacto en distintas industrias y en el país. Todo debía resumirse en cinco minutos o menos, lo que significó un desafío importante.
¿En qué consiste CoralBot?
Inicialmente creamos un robot capaz de detectar el pH y la temperatura del agua de mar. Luego fuimos incorporando otros sensores, como sonido, además de un sistema de enriquecimiento acústico. También desarrollamos una aplicación que permite monitorear el robot, conocer su ubicación y visualizar información en tiempo real. La idea surgió a partir de una competencia STEM en la que debíamos abordar una problemática vinculada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Después de analizar distintas posibilidades, llegamos a la problemática de los corales y de las especies marinas amenazadas por el calentamiento global. A medida que participamos en nuevas competencias, el proyecto fue evolucionando y ampliándose.
¿Cómo fueron desarrollando la idea?
La investigación nos permitió relacionar distintas variables, como el pH, la temperatura y el sonido, y comprender cómo los efectos del calentamiento global y la contaminación pueden afectar las condiciones del océano y, con ello, a los ecosistemas marinos. También fuimos incorporando nuevas problemáticas y especies marinas chilenas. Cada competencia nos permitió perfeccionar el proyecto, investigar más y encontrar nuevas posibilidades para CoralBot. Para nosotras fue muy importante entender que un proyecto puede transformarse y crecer a medida que uno aprende.
¿Cuál fue uno de los principales desafíos de esta experiencia?
Hablar frente a un público y presentar una idea en un tiempo tan acotado fue un desafío importante. Aunque algunas participamos en teatro, un pitch científico es diferente: requiere utilizar lenguaje técnico, entregar información precisa y, al mismo tiempo, ser capaces de comunicar una idea de manera atractiva. La preparación fue fundamental. Ensayamos varias veces y, mientras más conocíamos la información, más fácil era sintetizar y comunicar. Finalmente, cuando estuvimos en el escenario, pudimos disfrutar la experiencia mucho más de lo que imaginábamos.
¿Qué fue lo que más les sorprendió del encuentro?
Nos llamó mucho la atención la cantidad de proyectos y, especialmente, encontrarnos con tantas jóvenes interesadas en ciencia, tecnología e innovación. Fue muy motivador compartir con personas que tenían intereses similares, conocer sus proyectos y descubrir que existen muchas otras jóvenes que están trabajando en soluciones innovadoras para distintas problemáticas.
¿Qué significó para ustedes representar al colegio?
Fue una experiencia muy significativa. Nos permitió mostrar que las alumnas de un colegio de mujeres podemos desarrollar proyectos científicos, tecnológicos e innovadores y participar en instancias de alto nivel. También sentimos mucho apoyo del colegio durante el proceso, desde la posibilidad de trasladarnos hasta la flexibilidad para compatibilizar la participación con nuestras responsabilidades académicas. Para nosotras, representar a St Margaret’s también significa visibilizar el potencial de las alumnas y demostrar que las áreas STEM son espacios en los que podemos desarrollarnos plenamente.
¿Creen que existen prejuicios respecto de la formación científica de las mujeres?
Sí. A veces existe la idea de que, por ser un colegio de mujeres, la exigencia académica es menor. Para nosotras, experiencias como esta permiten demostrar lo contrario. Estar en un ambiente de mujeres también nos ha permitido desarrollar nuestras habilidades sin cuestionarnos constantemente si somos capaces o no de hacer algo. En ciencias, matemáticas o tecnología, sentimos que tenemos el espacio para probar, equivocarnos, aprender y seguir avanzando. Eso también nos motiva a romper ciertos prejuicios y a demostrar que no existen áreas que deban estar limitadas por el género.
¿Qué habilidades creen que desarrollaron durante este proceso?
Aprendimos mucho más allá de los contenidos científicos. Desarrollamos habilidades de investigación, pensamiento crítico, resolución de problemas, comunicación y trabajo en equipo. También aprendimos a hablar en público, a organizar un proyecto, a trabajar bajo presión y a presentar una idea de manera clara en poco tiempo. Para algunas de nosotras, una de las grandes enseñanzas fue descubrir que nos gusta aprender fuera de la sala de clases y que existen muchas áreas que podemos explorar por nuestra cuenta.
¿Qué fue lo mejor de trabajar en equipo?
El apoyo. Cada una pudo aportar desde sus propias habilidades e intereses. Mientras algunas se enfocaron principalmente en la robótica, otras trabajaron en investigación, datos, diseño o estudio de los ecosistemas marinos. Esa diversidad permitió que todas contribuyeran al proyecto desde un área diferente. También fue una oportunidad para aprender unas de otras y comprender que un buen equipo no significa que todas hagan lo mismo, sino que cada integrante pueda aportar desde aquello que sabe y que juntas puedan construir algo mayor.
¿Qué les dirían a otras alumnas que sienten interés por la ciencia o la tecnología, pero todavía no se atreven a participar?
Que lo intenten. No es necesario saberlo todo antes de comenzar. Muchas cosas las aprendimos durante el proceso: desde conceptos científicos hasta robótica y herramientas para presentar nuestro proyecto. Una de las grandes enseñanzas de esta experiencia fue precisamente atreverse, incluso cuando existe miedo o inseguridad.
Una mirada hacia el futuro
Para las alumnas, las áreas STEM representan mucho más que una oportunidad académica. Son espacios para hacerse preguntas, investigar, crear soluciones y aportar frente a problemas reales. La experiencia con CoralBot también les permitió descubrir nuevas posibilidades, generar contactos, conocer otras realidades y proyectar futuras iniciativas.
“Es una oportunidad para aprender, pasarlo bien, conocer gente nueva y descubrir un mundo nuevo. La ciencia y la robótica son cosas muy del futuro y pueden aportar a problemas reales”.
Y quizás el mensaje que mejor resume toda la experiencia es también el más sencillo:
“No tengan miedo. Atrévanse”.







