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Una Navidad Diferente

“Una Navidad diferente”, no lo he corroborado, pero podría apostar que es el título de una o más de alguna película típica de la temporada. Un título que hace alusión al llamado a recobrar lo verdaderamente importante: la familia, el disfrutar de la compañía de los que queremos, agradecer por lo que tenemos y compartir con los que tienen menos que nosotros. Centrarnos en los niños, el amor y la unión, por sobre las diferencias.

Todos los años, como las clásicas promesas de año nuevo y las dietas de los lunes, aparece en algún lado este recordatorio, el emplazamiento a dejar de lado el consumismo para volver a centrarnos y conectar con el real significado de estas fechas, sin embargo, año a año, igual que con la dieta, nos dejamos llevar por la corriente, nos envuelve la inercia, el ajetreo de fin de año y “un regalito más” y vuelta a encontrarnos en algún mall con las manos llenas de paquetes, gastando tiempo y dinero en cosas que no necesitamos y que si bien pueden entregar algún nivel de satisfacción, esta es finalmente superflua y pasajera.

Este año la pandemia, junto con la enfermedad y el miedo, ha traído consigo un quiebre radical en la forma en que llevábamos nuestra vida. Ni en nuestros sueños más locos, habríamos imaginado el año pasado que poco después estaríamos meses de meses en nuestras casas, que los colegios estarían cerrados o que no podríamos salir a ningún lado sin mascarillas.

Ha sido un período muy duro, de profundos cambios que sin duda ha puesto a prueba nuestra resiliencia y capacidad de adaptación. Sin embargo, con todo lo doloroso que ha sido, este paro obligatorio del mundo también nos ha regalado la oportunidad de alcanzar grandes aprendizajes, entre ellos la maravillosa semilla de la transformación, el darnos cuenta de que no porque algo se haya hecho durante un periodo prolongado de tiempo de una determinada manera esto tiene que continuar por siempre así. Es la posibilidad de detenernos a pensar en la vida que llevábamos y preguntarnos si queremos seguir como siempre o si hay cosas que definitivamente queremos cambiar.

Al conversar con las alumnas sobre cómo han vivido este período y si hay algo de esta larga cuarentena que quisieran se mantenga para siempre, hay una respuesta que se repite: tiempo para estar con la familia. Las escenas que describen no son grandes eventos ni viajes a playas paradisiacas, son simples momentos cotidianos: comer todos juntos, conversar, acompañarse, jugar un juego de mesa…

Ojalá este año loco hayamos aprendido algo que sepamos atesorar y cuidar. Que esta Navidad, los protagonistas no sean los regalos o el estrés por que todo salga perfecto, sino que sea un espacio de encuentro y reflexión donde celebremos lo verdaderamente valioso: la familia y el amor.